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¿Como deben ser? |
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En la invitación debe aparecer siempre el nombre de los contrayentes y, si se desea, el de sus padres, además del lugar, día, mes y hora en que tendrá lugar la boda. Siempre es muy importante facilitar la localización de la Iglesia, Ayuntamiento o Juzgado donde tendrá lugar la ceremonia y, por supuesto, el posterior convite. Si los lugares son poco conocidos, es bueno incluir junto con la invitación un plano orientativo; la gente os lo agradecerá. Al pie de la tarjeta, poned las siglas S.R.C. (Se ruega confirmación). |
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Y lo más importante es que sean lo más personales
posible, por lo que hay que evitar que la dirección del destinatario vaya en una etiqueta pegada al sobre como si de un mailing se tratara. Quedaréis mucho mejor si escribís a mano el nombre y el domicilio del invitado. Es mucho más personal y, en definitiva, de lo que se trata es de compartir con vuestra gente más cercana uno de los días más importantes de vuestras vidas. Para cualquier acto es conveniente convocar a los invitados con al menos quince días de antelación. Así lo indican las normas de cortesía. Cuando se trata de una boda, lo mejor es hacerlo dos meses antes. Tened en cuenta que si vosotros necesitáis varios meses para organizarlo todo, los invitados -aunque en menor medida- también deben disponer de cierto tiempo. A todo el mundo le gusta cuidar los detalles en las grandes celebraciones y no se puede decidir de un día para otro cómo ir, qué ponerse y comprarlo. Sin olvidar que también tienen que pensar en el regalo que os harán en tan señalado día. De ahí la importancia de enviar las invitaciones con la antelación suficiente. Además, eso redundará en vuestro propio beneficio; los asistentes podrán ir confirmando su presencia poco a poco y evitaréis desorganizaciones de última hora. Para que esto pueda ser así, encargad las invitaciones cuatro o cinco meses antes de la boda. Son muchos los detalles que hay que revisar. |
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